La Leyenda de Los Loros

Barcelona acoge en su paisaje urbano a siete especies de loros y cotorras que se han aclimatado en la ciudad hasta criar con naturalidad. Estas simpáticas pero ruidosas aves empiezan a percibirse como plaga cuando se reproducen en exceso y se expanden hacia zonas agrarias.

Los loros y las cotorras sobreviven con cierta facilidad porque han desarrollo unos hábitos alimentarios poco selectos. Comen sobre todo dátiles y frutos del almez, pero pueden alimentarse igualmente de restos de alimentos humanos, de corteza de eucalipto y hasta de bayas del ciprés. Otro factor determinante en su expansión es la ausencia de depredadores, que tan sólo es el escaso halcón peregrino.

A parte de sus gritos estridentes y las molestias que pueden generar sus enormes nidos, las cotorras se convierten en plaga cuando se reproducen en exceso y se expanden hacia zonas agrarias, como empieza a suceder en algunos cultivos del Baix Llobregat.

Barcelona es la ciudad europea con un mayor número de variedades de reproducción segura. Todas las psitácidas son ejemplares escapados de jaulas particulares o liberados inconscientemente, más sus descendientes. Joan Carles Fernández Ordóñez, especialista en aves exóticas de SEO-Birdlife, recuerda que el fenómeno de Barcelona es común a otras grandes ciudades mediterráneas y considera que la gran diversidad puede obedecer simplemente a que hay más compradores caprichosos. No obstante, no descarta la influencia que puede tener la presencia de un puerto y un aeropuerto importantes, así como de parques urbanos con muchos árboles exóticos.

El Periodico

Enero-4-2011

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